La hora de la revolución

Hola a todos, os preguntaréis porque he llamado a este artículo “La hora de la revolución”. El motivo es que estoy convencido de que estamos viviendo una revolución y que es precisamente a nuestra generación la que tiene que llevarla a cabo. Veréis…

Hace 2 SIGLOS, la humanidad vivía sin combustibles fósiles.

La población mundial era de 1.000M de habitantes.

La base energética era a través de la energía humana y animal, con un aporte de energías principalmente renovables (madera, molinos de agua y viento para algunos trabajos mecánicos y poco más).

A inicios del Siglo XX, comenzamos a utilizar combustibles fósiles.

La población mundial en el año 1900 era de 1.600M habitantes.

La base energética de renovables, comenzó a dar paso a los combustibles fósiles, siendo al principio el carbón el combustible más usado, y cediendo este, poco a poco, la posición de combustible dominante del petróleo.

A inicios del siglo XXI, los combustibles fósiles dominan por completo el mundo.

La población mundial a inicios de siglo es de 6.600M de habitantes.

Más del 80% del combustible utilizado procede de energía fósil (carbón, gas y petróleo), siendo el oro negro el combustible más utilizado de todos.

Las energías renovables apenas representan el 6% de la energía utilizada

Para hacer honor a la verdad, hay que reconocer que sin ninguna duda, el desarrollo conseguido en el último siglo no hubiera sido posible sin el aprovechamiento de los combustibles fósiles.

Pero también es cierto, que este uso indiscriminado de los combustibles fósiles ha derivado en gravísimos problemas medioambientales, cuyo máximo exponente podemos verlo en la parte de cambio climático, aunque hay muchos más, como por ejemplo los problemas de salud en diversos aspectos: pulmonares, cardiovasculares, alergias, etc.

En definitiva, hemos avanzado mucho, pero nos estamos perjudicando mucho también.

Por otro lado, y para mirar hacia el futuro más próximo, ¿qué pasará en los próximos años?

La AIE (Agencia Internacional de la Energía), entidad controlada por los países más ricos y poderos del planeta (OCDE), hacen las siguientes predicciones:

  • Que en el año 2030 la población mundial habrá aumentado hasta los 8.000 M de habitantes.

La mayor parte del crecimiento de la población será en países en vías de desarrollo y las nuevas necesidades supondrán:

  • Que las necesidades de energía crecerán un 60% respecto a la energía demandada a día de hoy.
  • El grueso de esa energía provendrá de energías fósiles, tanta como el 85%.
  • En consecuencia, la demanda de combustibles fósiles aumentará a lo largo de los próximos años de la siguiente manera a nivel mundial:
    • Petróleo: Un aumento del 50%
    • Gas Natural: Un aumento del 90%

Como consecuencia, las emisiones de gases de efecto invernadero crecerán proporcionalmen-te, llegando en el año 2030 a un aumento del 62% anual.

Resulta curioso cuando menos, que sigamos hablando del protocolo de kyoto, del plan climático de Doha, o de la cumbre de Paris, cuando la influencia de los países comprometidos con estos planes de la ONU para la reducción de gases de efecto invernadero solo afectan al 15% de las emisiones de CO2 del planeta, y con países como Estados Unidos entrando o saliendo a conveniencia del político de turno, aunque bueno, mejor eso que nada, ¿no?.

Todo esto me ha hecho preguntarme ¿y qué puedo hacer yo al respecto? ¿Cómo yo, una simple persona que vive en una pequeña ciudad, puedo influir en algo de lo que va a pasar en los próximos años y en la horrible herencia que les vamos a dejar a nuestros hijos?

La verdad que a estas alturas de mi vida, no me veo subiéndome a un barco de Greenpeace, ni manifestándome en una cumbre del G13, pero sí me veo eligiendo y tomando pequeñas decisiones que influyen dentro de mis posibilidades como individuo, es decir:

  • Si puedo elegir donde compro, lo haré donde vea que están más comprometidos con el medio ambiente (los establecimientos que han cambiado su iluminación a LED, o que ponen en la entrada un documento acreditativo de que compran energía verde, o si veo en su tejado paneles solares).
  • Si me voy de vacaciones, uno de los factores que miraré a la hora de elegir hotel será si es un hotel comprometido, que consuma energía verde, y que lo publique con sus certificados correspondientes.
  • Cuando vaya a la compra, trataré de comprar productos ecológicos y aquellos que tengan sellos que garanticen su compromiso con el planeta.
  • Cuando me compre un coche, si puedo, lo elegiré hibrido, o 100% eléctrico porque además de ahorrar, estaré contribuyendo a mejorar el mundo ( y por supuesto, compraré energía procedente de fuentes renovables).
  • Si puedo, me auto produciré parte de la energía que consumo con paneles solares, así, además de ahorrar dinero, seré un ejemplo para quienes me rodean y de nuevo seguiré contribuyendo con el medio ambiente.
  • NO COMPRARÉ PRODUCTOS que vengan de países donde se explote a las personas, ni tampoco de países sin compromiso de reducir emisiones gases de efecto invernadero, como por ejemplo los que no se han querido adherir al acuerdo de Paris.

En resumen, la revolución son simples gestos, y el primero y más importante es saber valorar el esfuerzo de todos aquellos que contribuyen a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Porque no siempre nos es posible contribuir, pero debemos aplaudir a quienes sí lo hacen, ya que están contribuyendo a mejorar nuestras vidas y el mundo que les dejaremos a nuestros hijos.

Porque siempre que pueda, YO TAMBIÉN QUIERO PARTICIPAR y contribuir a esta pequeña gran revolución que es necesaria para cambiar nuestro mundo a mejor.